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Por medio de la recepción al hotel y después de numerosas referencias, reservé una visita de un día en el Pantanal en noviembre de 2009 con Elionil Silva. Cuando nos encontremos en persona, yo estaba encantada con su cara sonriente y su personalidad simpática.
Comenzamos bastante temprano un día nublado de noviembre, hacia el suroeste y el Parque Nacional del Pantanal de Mato Grosso. El pantano inundable más grande del mundo ofrece una extensa variedad de la flora y la fauna brasileña. Aprendí que como estaba la estación baja, probablemente veré menos pájaros, aves y animales que durante la estación alta entre los meses de mayo y septiembre, pero estaba aquí, tuve listo mi cámara fotográfico, estaba preparada para ver lo que podría y como no estaba la estación de las lluvias, al menos no tenía que preocuparme de este problema.
Recorrimos por una carretera pavimentada durante dos horas más o menos, haciendo una parada en el pueblo de Poconé, un poco antes de alcanzar el parque, para comprar algunas botellas de agua mineral, como ahora hacía sol y bastante caliente. Cambiemos a una carretera no pavimentada una vez entrados en el parque mismo. Inmediatamente, al lado de la carretera vimos un lagarto grande bastante extraño caminando lentamente y tirando su lengua larga y roja para coger los insectos. Hubo también docenas de pájaros, algunos de los cuales logré a sacar con mi cámara digital.
Alrededor de las 11h30, lleguemos a la Pousada Rio Clarinho donde almorzaríamos de legumbres, habichuelas, arroz y carne de res y de cerdo. Mientras esperemos la comida, habían algunas hamacas para relajarse y los cantos de los pájaros a escuchar. Después del almuerzo, Elionil me mostró un gran libro conteniendo dibujos de cientos de los pájaros y de las aves (algunos endémicos) que existen en el Pantanal.
Tomemos otro descanso en las hamacas para digerir nuestra comida y pues Elionil me llamó al río para que pudiéramos observar un ciervo que caminaba por la ribera. Aunque hubieran algunas vacas y algunos caballos domésticos avanzando cerca, y el ciervo estaba físicamente muy cercano a ellos, no mostró ningún miedo. Mientras tanto, Elionil había traído un saco plástico de pequeñas piezas de carne de res cruda, un remo grande y dos cañas sencillas de pescar hechas de bambú. Me puse pantalones largos y zapatillas de deporte y fuimos en coche una corta distancia hasta un claro donde hubo una familia local tomando su picnic y pescando desde la ribera.
Elionil empujó en el agua uno de los dos barcos que estaban por la ribera, sugirió que yo subiera, pues, de pie por la proa, comenzó a remar el barco por el río de color marrón. No había mucha actividad de los pájaros o de las aves aquí como era la estación baja, pero hemos visto martines pescadores, halcones, águilas, garcillas, garcitas y una variación de otra vida acuática que, al momento, no pude identificar. Elionil imitaba bastante bien los cantos de pájaros y nosotros dos fuimos bastante contentos en el silencio mientras fuimos solos río arriba. No habían otros barcos en el río y solamente un par de pescadores en otra parte de la ribera. El único mamífero que vimos era un mono grande y de color claro que subo hacia el agua por la rama de un árbol, pero, al momento de vernos, corrió súbito para desaparecer otra vez. Hubo también un caimán bastante asombroso en el agua, sus ojos completamente abiertos pero imperturbables. Fuimos silenciosamente más cerca a él en el barco. Saque una foto. Flotemos aún más cerca, saque otra foto. Pues, aún más cerca, osé sacar una tercera foto pero bruscamente, todavía sin mover sus ojos, él hizo una salpicadura sorprendente y desapareció bajo el agua.
Estábamos en el río durante más de una hora cuando yo sugerí que regresemos. Elionil dio una vuelta con el barco, lo dejó ir a la deriva pues sacó las cañas y la carne y comenzó a cebar el anzuelo para poder demostrarme como pescar las pirañas. Había mencionado antes que si hubiera yo llevado mi traje de baño habríamos podido nadar entre las pirañas y yo había reído preguntando si no fuera a lo contrario bastante peligroso. Pues aparentemente, las pirañas no comen los seres humanos, y entonces no hay problema nadar en la misma agua que ellas. Después de que Elionil había pescado su primera piraña bastante fácilmente, yo logré a pescar una y pues Elionil pescó otra. No era tan fácil, sin embargo, porque aunque la idea es pender el sedal en el agua y, cuando se siente el tirón, tirar el sedal bastante rápidamente para llevar el pez a dentro del barco, con más frecuencia, el pez agarraría el carne en pequeñas trozas y sabría parar cuando él sintió la tira del sedal de la parte del pescador. De todas maneras, las pirañas que pesquemos eran bastante pequeñas y al parecer, inofensivas. Yo leí más tarde que son bastante deliciosas a comer y tienen propiedades afrodisíacas. Nosotros dimos nuestra pesca a los halcones como no quedaríamos para la cena a la pousada y, de todas maneras, ¡no tenía yo ninguna manera pero cocinar la mía en mi cuarto de hotel en la ciudad!
Regresándonos al lugar donde habíamos tomado la lancha, hubo una plataforma construida encima de una escalera de caracol alrededor de un árbol. La subí y allí tuve una vista fantástica de toda el área encima del pabellón arbóreo.
Después de asearme a la pousada otra vez y de ayudar a ordenar el equipo de barco y de pesca, hubo tiempo para tomar una bebida pues comenzamos el safari de atardecer y de noche por la Transpantaneira donde vimos algunos carpinchos, tres tortugas y una variedad de fauna cruzando la carretera. A un momento, hubo un insecto con alas bastante grande de aproximadamente 3 pulgadas de una extremidad a la otra, arrastrando una tarántula muerta tan rápidamente que yo tuve que perseguirlo para sacar una foto de ellos. Después de la puesta del sol, Elionil paró el coche, sacó un reflector y lo enchufó en la batería del coche. Era interesante ver las reflejos de los ojos de los animales, de los pájaros, etc. por el suelo, en el bosque, en el aire, pero yo no había traído conmigo mi flash externo, entonces mis esfuerzos en la luz muy limitada no eran a la altura. Sin embargo, tenía suerte con una foto de una araña grande, otra vez de aproximadamente 3 pulgadas de un lado al otro, que cruzó la carretera lentamente. Elionil con sus doce años de experiencia buscando la fauna durante la noche, lo vio, paró el coche y agarró la luz de su batería de coche cerca del insecto y esta vez yo tenía éxito en hacer funcionar el flash interno de mi cámara también.
Lleguemos en Cuiabá aproximadamente a las 22h00, entonces había sido un día largo pero exitoso, muy relajante y en comunión perfecta con la naturaleza. Exactamente lo que yo necesitaba a (casi) la fin de un viaje de negocios de cinco semanas.
Si le interesaría aprender más respecto al Pantanal, y no encuentra las repuestas a sus preguntas en este sitio, favor de enviarnos un e-mail. |
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